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El Caparazón


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Actualizado: hace 17 horas 22 mins

Work hard, party hard

Jue, 06/12/2014 - 15:56

Rompo el tono habitual del blog para dejar una reflexión, a raíz de una experiencia personal y tal vez al hilo de la Competencia autolúdica que definíamos hace unos días. Creo que activistas, pedagogos, todos/as aquellos/as que no trabajáis exclusivamente por dinero, además de deportistas, os sentiréis identificados en algún punto:

Muchos/as os habréis preguntado cómo es eso de correr un maratón. La gran mayoría no somos atletas profesionales y 42 kilómetros llevando al máximo nuestra capacidad física, 4 o 5 horas en la mayoría de los casos, nos parecen de entrada algo inabarcable, una auténtica locura.

Somos ultraresistentes cuando se trata de sobrevivir, de lograr algo tan gratificante como superar una enfermedad o tener un hijo, pero resulta difícil entender el porqué de tanto sufrimiento a cambio de casi nada, de nada real y objetivamente importante.

Resulta incomprensible, además, que después de vivirlo, después de haber sufrido como lo hemos hecho durante horas, pensemos en repetir.

He pensado en todo ello desde el 18 de Mayo, cuando viajé unas tres horas en coche para vivir esa experiencia, cuando no fui capaz ni siquiera de comer, entre otras cosas por el dolor de cada uno de mis huesos y músculos al intentar bajar del coche, hasta que llegué a casa al anochecer.

Hoy he logrado entender que no hay un motivo más allá de la personalidad de quienes nos aventuramos en ese tipo de experiencias (maratones, camino de santiago, el amor en mayúsculas, querer cambiar el mundo, odiseas de todo tipo…): no sabemos parar.

No dormí bien esa noche y lo noté pronto… a los tres o cuatro kilómetros de la salida ya pensaba en abandonar. Me propuse, a modo de juego mental que aliviaba el sufrimiento, dejarlo como mucho a los 21. Mi cuerpo llegó al límite ya a esa distancia pero mi mente, acostumbrada ya a mis férreas disciplinas, apostó por terminar.

Disfrutamos intensamente, sufrimos intensamente también. Pensaba hoy en cómo me gustaría saber vivir de una forma más moderada, abandonar principios, ideas, objetivos, metas cuando el camino se vuelve impracticable y la razón grita que seguir no tiene sentido. Pero tan férreo como la voluntad es el carácter que la contiene, así que no creo que ya, a estas alturas, tenga sentido proponerme cambiar.

Lo tiene quizás darse cuenta de ello, saber de antemano, en cualquier ámbito de la vida, que cuando de verdad deseemos algo, no nos será fácil abandonar.

Lástima que el camino empiece al desear, que no sea posible, muchas veces, matar el deseo sin morir un poco uno mismo.

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De la impaciencia a la competencia autolúdica

Sáb, 05/31/2014 - 05:19

Lo dicen diferentes estudios: estamos ante una de las generaciones más impacientes de la historia. El tema justifica incluso la tan nombrada Gamificación, que aparece como complemento a las recompensas sociales, económicas, de otras épocas que están perdiendo su efectividad porque se sitúan a un plazo siempre demasiado largo.  En la escuela, ya no les sirve “ser alguien de mayor”,  en los puestos de trabajo resulta difícil llegar a fin de mes, esperar la recompensa económica cada cuatro semanas, produciéndose una insatisfacción que medallas, puntuaciones, barras de progreso y diversos otros artificios tratan de solucionar.

Y es que los jóvenes de hoy se han socializado en Facebook, en Instagram, en un contexto de fáciles “me gusta”, de pequeñas recompensas inmediatas, perdiendo la paciencia que otras generaciones habíamos cultivado.

No estoy hablando de la ética del esfuerzo, siempre he pensado que no es necesario incrementar el sufrimiento de forma artificial si podemos hacer las cosas fáciles y divertidas, pero sí reconozco que me preocupa la imperiosa necesidad de recompensa inmediata que el mundo 2.0 está determinando en las generaciones actuales. Entre otras cosas porque recuerdo cómo la Psicología y la Criminología de los 80 identificaban la incapacidad de demorar la recompensa como uno de los principales indicadores de inmadurez e incluso de conductas delictivas.

 

 

 

Demora de la recompensa

Es ampliamente conocida la investigación de W. Mischel  con niños desde los  4 años  hasta la edad pre-adulta, con la idea era medir el control de la impulsividad, el control emocional. La idea era dejarles solos en un aula con una golosina en la mesa, volver a los 20 minutos y ofrecerles otra como recompensa si habían sabido esperar.

En un blog sobre neurodidáctica la resumen así:

Los niños que fueron capaces de esperar utilizaron diferentes métodos, como taparse los ojos para resistir la tentación, cantar, jugar o hablar consigo mismos (ver video). Los más impulsivos eran incapaces de resistir la tentación y cogieron la golosina a los pocos segundos de la marcha del experimentador. Al cabo de unos años (entre doce y catorce) se evaluó, a través de unos test escritos, competencias y habilidades generales que presentaban los ahora adolescentes.

Las diferencias emocionales y sociales que presentaban los adolescentes que a los 4 años fueron incapaces de reprimir sus impulsos, eran extraordinarias respecto a los que aplazaron la recompensa de la segunda golosina. Los que a los 4 años de edad fueron capaces de resistir la tentación  eran socialmente más competentes, afrontaban mejor las frustraciones de la vida, eran más responsables y seguían siendo capaces de demorar las gratificaciones al perseguir sus objetivos. Sin embargo, una gran parte de los preescolares que mostraron de niños un comportamiento más impulsivo presentaban una baja autoestima, eran más indecisos, soportaban peor el estrés  y eran más proclives a discutir y pelearse. Pasados todos estos años, seguían siendo incapaces de aplazar la recompensa.

Pero lo más sorprendente es que, cuando se evaluó a los niños al terminar el instituto, los resultados académicos de los que no supieron dominar sus impulsos a los cuatro años de edad eran peores. La evaluación, que fue realizada por los propios padres, demostraba que los niños que fueron más pacientes al llegar a la adolescencia, mostraban una mayor predisposición al aprendizaje, razonaban y se concentraban mejor y eran capaces de llevar a cabo los objetivos planteados con mayor decisión. Además, obtuvieron mejores puntuaciones en los SAT (Test de Aptitud Académica, examen preuniversitario). Las pruebas de aplazamiento de la recompensa de los niños a los 4 años predecían mejor que el cociente intelectual (CI) los resultados en el SAT.

En determinadas ocasiones somos incapaces de explicar racionalmente porqué tomamos las decisiones4. La comprensión de un problema o el análisis de un texto culmina gracias a la perseverancia. En un instante determinado, todo aquello que parecía inconexo acaba teniendo sentido. Lo que Walter Mischel describe como “el aplazamiento de la gratificación autoimpuesta dirigida a metas”5, es decir, la capacidad de reprimir los impulsos al servicio de un objetivo (como responder las preguntas de un examen o acabar los estudios), seguramente compone la esencia de la autorregulación emocional.

 

Pues bien… pensaba en todo ello hace poco, a partir del kilómetro quince de mi primera maratón, mientras me daba cuenta de las más o menos extrañas estrategias que mi mente ponía en marcha: “Quedan solamente 10 canciones”, “me premiaré en cuanto llegue con tal o cual bebida o comida”, “una hora más de sufrimiento pero mañana me sentiré orgullosa”  y tantos otros subterfugios para superar el inevitable dolor y dar una zancada más.

Recordaba cómo aprendí a esperar en la infancia. Eran otros tiempos y era extraño que la ansiada bicicleta, el primer ordenador, aquel libro o disco que tanto ansiábamos llegasen pronto. Estábamos aprendiendo, sin saberlo, la importante competencia de la demora de la recompensa, que tan útil habría de sernos durante el resto de nuestras vidas. ¿Existiría El caparazón si no hubiese sabido esperar desde las pocas decenas de visitas cuando lo creé hasta los miles actuales?

 

Competencias atemporales: La competencia autolúdica

Me preocupan últimamente las competencias atemporales, las que deberíamos salvaguardar para nuestros jóvenes conectados si no queremos echar por la borda algunos de los más importantes logros de la humanidad. La lectura profunda, a la que dedicábamos hace poco una entrada, era una de ellas, la desconexión constituye otro ejemplo.

Se propone hoy como solución a la incapacidad de demora de la recompensa la gamificación, la introducción de elementos de juego intermedios entre acción y premio. Medallas que premian la puntualidad en el trabajo, puntos que recibimos por ir dando pasos adelante, avatares que cambian conforme vamos alcanzando determinadas metas, etc. constituyen toda una disciplina en el ámbito de los social media, de la educación con tecnologías de nuestros impacientes jóvenes hiperconectados.

No voy a decir que el tema no sea recomendable pero querría añadir un matiz que creo importantísimo:  todas esas acciones tienen en común que son terceras personas las que las preparan, las que trazan el camino que después los jóvenes, como ante un videojuego al uso, habrán de recorrer. Estamos adaptando aprendizaje, desempeño en el puesto de trabajo, gestión del talento, etc. a la especial psicología de estos, lo cual siempre es positivo, pero…. ¿no estaremos anulando en parte su capacidad de ser ellos mismos quiénes sepan cómo mantener la propia voluntad para llegar a determinadas metas?

Denominaremos Competencia autolúdica a la capacidad de auto-gamificar algunos procesos de la propia vida.  Y la situaremos en el ámbito de las Tecnologías del empoderamiento y la participación que una vez conceptualizamos aquí.

Me sirve de ejemplo de nuevo el running. Y es que todo/a el que practica este o cualquier otro deporte solitario sabe cómo de complicado es a veces encontrar la motivación suficiente.  Diría, de hecho, que está en la mente el 70% de lo que hace que cualquier corredor/a no profesional termine pruebas de más de una hora de duración.  Y mucho de lo que pasa por su mente depende de la competencia que ahora describimos.

Las propuestas son infinitas. Tanto, de hecho, de acuerdo con el carácter personal de este tipo de estrategias, como la creatividad humana. Se trata en muchos casos de los juegos mentales a los que nos referíamos pero también del apoyo que cada uno de nosotros puede buscar en las plataformas existentes en internet. Existen portales generalistas, como Superbetter (orientado a la superación personal de distintas circunstancias vitales, como enfermedades, etc.), así como otros artilugios para la cuantificación del “self” aumentado que los/as más conectados/as conocemos bien. El registro para posterior estudio de nuestra actuación deportiva en aplicaciones como Runtastic, Runkeeper, etc., Endomondo  y sus añadidos desafíos con otros deportistas,  por citar solamente algunas, son ejemplos específicos en el caso del deporte. Incluso la creación de un blog o el uso de redes sociales para compartir fotografías y experiencias puede ayudar a mantenernos a nosotros mismos “en el juego”.

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De la insensibilidad al activismo: educando Superpoderes para el joven conectado

Dom, 05/11/2014 - 14:43

Todos/as recordamos aquellos momentos en que veíamos televisión en familia y aparecía alguna noticia de alto contenido emotivo. Asesinatos, catástrofes naturales, guerras inexplicables en la contemporaneidad aparecían solamente durante algunos momentos, hasta que la mano benévola de nuestros padres cambiaba de canal o apagaba el televisor.

La exposición a todas esas y muchas más tragedias y sinsentidos forma parte hoy de la cotidianeidad de nuestros jóvenes Millenial o de la llamada Generación Z (los nacidos desde mediados de los 90 hasta nuestros días). Esto les convierte, según muchos estudios, en una generación especialmente realista.

Así, si la generación Y era optimista, la generación Z es realista. Saben, por el carácter global de las noticias y el calibre de cosas como el 11M o el 11s, las crisis económicas o la violencia en las escuelas, que el mundo puede ser un lugar muy peligroso. Parece que para ellos se vuelve cierto el viejo refrán de que “cualquier tiempo pasado fue mejor” (o lo pareció).

Se trata de una generación que ha tenido que vivir acontecimientos y situaciones sociales (terrorismo, recesión económica, etc. ) especialmente duras. Algunos autores les definen como “rebeldes con causa” (Emily Anatole, Generation Z: Rebels With A Cause).

Así, una encuesta reciente a jóvenes estadounidenses preguntaba a los jóvenes de la Generación Z sobre los acontecimientos más importantes en sus vidas, obteniendo una significativa primera respuesta:

1. La violencia escolar.
2. La emergencia de las redes sociales.
3. La elección del primer presidente negro.

El tema preocupa, evidentemente, a todos/as aquellos que nos preocupamos por su felicidad y tiene implicaciones en cuanto a evolución de la ética y la moral en nuestras sociedades.

¿Son capaces de afrontar el tema sin que les afecte en demasía? , ¿Serán adultos más precavidos? ¿Les convierten sus obvias estrategias de distracción, de compensación emocional (evasión en el mundo de los video juegos o las redes sociales), en más fríos emocionalmente (a veces hasta el extremo del morbo) que los jóvenes de generaciones anteriores?

La opinión general adulta se manifiesta en ese sentido. Conversaba sobre ello en Santiago de Chile, el día del trabajador, en motivo del suicidio de un joven grabado, subido a Youtube y comentado con dudoso sentido del humor por muchos en las redes sociales. Resulta un buen ejemplo de la necesidad de intervención, de matiz ético por parte de los adultos ante una realidad que ya no podemos disimilar o esconder pero sí ayudar a interpretar.

Para convertir el realismo en un Superpoder en los términos que utilizamos aquí habitualmente, se trata de hacerles más resilientes , más enteros, más capaces de sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones adversas e incluso (y en este punto se basa la necesidad de esta entrada), de aprovechar la transparencia de la peor cara de lo humano para sensibilizar hacia el activismo por una sociedad mejor.

Me quedo con dos definiciones de Resiliencia en Wikipedia que destacan este componente activista porque está en ello, en el cambio individual y social, el objetivo final de nuestra intervención como mentores éticos o educadores (ver también el trabajo de mi amiga Anna Forés):

“Capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e inclusive, ser transformados por ellas.” Grotberg (1995)

“La resiliencia significa una combinación de factores que permiten a un niño, a un ser humano, afrontar y superar los problemas y adversidades de la vida, y construir sobre ellos.” Suárez Ojeda (1995)

 

Activismo racional: el leviatán* de la desigualdad desenmascarado.

Para provocar el cambio resulta importante señalar el drama importante, sacar a la palestra, de entre la amalgama de noticias negativas, aquellas a las que podamos aportar valor un ético irrenunciable. La ocultación, el “cambio de canal”, la censura, resultan ya a todas luces imposibles, así que nuestro papel deberá centrarse en todo lo contrario: en seleccionar, de entre las innumerables desgracias que emergen todos los días, las que sean susceptibles de una reflexión ético-activista importante.

La ocultación, la sobreprotección que busca el alivio emocional podría, de hecho, no tener mucho sentido. Una investigación reciente en la Universidad de Chicago apoya nuestro punto de vista: al contrario de lo que pudiese parecer, la insensibilidad emocional que nuestros jóvenes desarrollan necesariamente ante la exposición constante a este tipo de estímulos, puede facilitar el desarrollo de un alto sentido de la justicia. El sentido de la justicia parece más ligado a la razón que a la emoción.

La investigación consistía en observar escáneres cerebrales mientras los participantes en el estudio veían videos sobre “buen” y “mal” comportamiento y mostraba cómo quienes mostraban mayor sentido de la justicia también tenían menor actividad en las partes del cerebro asociadas al procesamiento emocional. Por el contrario las zonas que se activaban eran las más relacionadas con procesos cognitivos más elaborados, como la planificación, la toma de decisiones, el razonamiento abstracto, la interpretación de claves sociales, la distinción entre perspectivas, etc..

La idea final resulta nueva e inmensamente interesante: la gente que se muestra altamente sensible en términos de justicia y equidad no parece estar motivada por aspectos emocionales, concluyen los investigadores, contra la idea de los “motivos sentimentales” de aquellos implicados en temas de derechos humanos y justicia social y criminal. La justicia y los más altos valores pueden ser una cuestión de raciocinio, esa cualidad que los animales humanos solemos decir que ostentamos en exclusiva.

Volviendo a nuestras cuestiones, parece que no debemos temer respecto a la insensibilización emocional al seleccionar los temas de interés. Seleccionar para racionalizar aquellos cuya carga emocional sea elevada, puede ser incluso positivo.

El suicidio del joven Chileno, por ejemplo, podría ser un Leviatán con matices de crítica social ineludibles.

 

 

Educando al superhéroe para un mundo mejor

Después de seleccionados los temas deberemos, obviamente, explicar el porqué de su importancia. Volviendo al ejemplo de Chile, ante cualquier caso de suicidio es importante abordar el fenómeno general, recordar que se trata de una decisión extrema que nunca debe tomarse sin haber pedido ayuda previamente a familiares y amigos.

En concreto deberíamos destacar que determinados suicidios (por no decir casi todos), muestran el fracaso de nuestras sociedades en conseguir la felicidad de sus miembros. El suicidio se asocia en muchos casos a situaciones de desempleo que provocan sentimientos de inadecuación social, de no pertenencia al grupo en el que todo ser humano busca colmar la necesidad de afiliación, lo cual parece ser el motivo último del caso del joven chileno, que gritaba consignas contra el capitalismo extremo al caer.

La lección es obvia: luchar contra el desempleo es una cuestión crucial si queremos seres humanos y sociedades más felices.

Por último, recordar que es importante, como siempre que conversamos con los jóvenes de estas generaciones, utilizar material multimedia adecuado, afín a las nuevas alfabetizaciones en lo digital. En este caso, mostrar los contravideos creados por otros jóvenes (sus iguales) criticando las reacciones morbosas al suceso y explicando el drama socioeconómico subyacente serían imprescindibles.

 

*Leviatán (del hebreo לִוְיָתָן, liwyatan, enrollado) es una bestia marina del Antiguo Testamento, a menudo asociada con Satanás, creada por Dios.(Génesis 1:21) El término Leviatán ha sido reutilizado en numerosas ocasiones como sinónimo de gran monstruo o criatura o de forma más genérica, del “mal” o la maldad (Puede ampliarse esta acepción en la obra de Hobbes del mismo nombre, uno de cuyos argumentos básicos está en la conocida sentencia: “el hombre es un lobo para el hombre”)

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Conectados, menos solos, más cerca: Entrevista-reportaje para el Diari Ara

Lun, 04/28/2014 - 13:19

Dejo entrevista que me hacía Nereida Carrillo para el diario Ara, en la que intentaba quebrar algunos tópicos sobre la sociabilidad e internet.  Podéis acceder al original desde el enlace.

El titular:  La red potencia las relaciones sociales y alivia el sufrimiento relacionado con la timidez y el aislamiento. 

“Aquí os envío una foto con muñecos , puede hacer el pedido ” . María López , de 90 años , pide así por correo electrónico a algunos de sus nietos que le encarguen amigurumis , unos muñecos inspirados en una antigua tradición japonesa que se hacen con lana y punto de ganchillo y que ahora se han puesto de moda . María , vecina de Sant Quirze , tiene 5 hijos, 16 nietos y 30 bisnietos . Y se comunica con muchos de ellos por e- mail . Les escribe con frecuencia desde el iPad que la familia le regaló a principios de año , cuando cumplió 90, y gracias al cual , navegando por la red , ha sacado el patrón de los amigurumis .

“Hay quien contesta y hay quien no contesta nunca” , se queja María, porque no todos los familiares le responden con la rapidez que le gustaría . La hija pequeña asegura que pasa mucho tiempo con la tableta , que le va muy bien porque tienen problemas de audición y hablar con la familia por teléfono le resulta incómodo . El correo le permite comunicarse mejor y estar más conectada con los suyos.

 

Potenciar las relaciones sociales

“Internet es un potenciador de las relaciones sociales en todos los sentidos “, asegura Dolors Reig , psicóloga social . Reig considera que gracias a la red podemos hablar de una ” sociedad aumentada” , porque internet anula los límites del mundo físico e incrementa las posibilidades de relacionarnos. Esto , puntualiza Reig , siempre sin sustituir las relaciones del mundo real , porque si no comenzaría la ” patología” .

María utiliza la red claramente como complemento . Cuando es el cumpleaños de algún familiar , lo felicita por correo con una fotografía; cuando encuentra por casa alguna foto suya de joven , la envía a los nietos para que rían un rato y cuando uno de los bisnietos marcha de viaje , le busca información de su destino. Para conectarse con una nieta que vivía en Francia , María utilizaba Skype . Y a menudo usa FaceTime , una aplicación de Apple para videollamadas , para hablar con su hija mayor , de 72 años . Además de la familia más cercana , también se escribe con las amigas del curso de jardinería y con alguna cuñada que vive sola : “Les hace ilusión recibir correos “, asegura .

Para Reig , las relaciones sociales a través de internet toman mucha importancia en el caso de personas solas . Con la red , según la psicóloga social , mejora la ” sociabilidad ambiental” , es decir , el hecho de ” no estar conectado directamente a personas pero sí tener en el ambiente algún elemento de conexión” , algún elemento , como internet , ” que te hace sentir parte del grupo ” . Un estudio de la Universidad de Sydney lo ha comprobado . El programa Connecting Older Adults ofreció formación en redes sociales a un grupo de personas mayores y concluyeron que entre el 80 % de los participantes que continuaban utilizando estas herramientas seis meses después se habían reducido significativamente los sentimientos de soledad .

Los que se marchan fuera de Cataluña para estudiar o trabajar también encuentran en el hilo de la red una manera de mantener el cordón umbilical . ” El teléfono , en el fondo , es muy remoto” , asegura Héctor Martínez , un catalán de 31 años que ahora vive en Copenhague, donde ha terminado su doctorado en lingüística computacional . Héctor ha vivido en el extranjero durante tres etapas de su vida : primero en los Estados Unidos , más tarde en Alemania y ahora en Dinamarca . Cuando estaba al otro lado del Atlántico , hablaba con su madre por teléfono y ahora lo hace por el Skype. Asegura que su madre valora mucho este ” componente visual” , agradece saber si tiene o no tiene ” buen aspecto ” . Él mismo le dio instrucciones desde Dinamarca por teléfono para instalar la herramienta en su ordenador: “Después de 45 minutos , cuando logró instalarse en el Skype , le hizo mucha ilusión ” .

La red reconforta los que se quedan y los que se van. Según Dolors Reig , permite ” aliviar la primera soledad cuando alguien sale fuera , no conoce mucha gente , no tiene muchas relaciones sociales en el lugar donde está y , seguramente , se apoya más en las relaciones que tiene aquí” . Las estancias de Héctor en el extranjero han sido marcadas por la evolución de la tecnología . En 2000 marchó a los Estados Unidos un año y contactaba con su familia por teléfono , una vez cada dos semanas , y con sus amigos por correo electrónico.

En 2005 se marchó de Erasmus en Berlín y continuó conectado con sus amigos a través de una lista de correo electrónico y aprovechaba un servicio de descuento de voz por IP popular entonces en Alemania para hablar con su madre . Desde Copenhague , la comunicación es diferente . Consiguió que su madre se instalara el Skype y habla una vez a la semana . También utiliza esta herramienta para sus estudios , ya que en Dinamarca Héctor escribe su tesis con una codirección y mantiene reuniones de trabajo con su directora de Barcelona .

Además, se ha abierto un blog para que su entorno pueda seguir lo que le pasa y se ha hecho usuario de Facebook . Esta red social le permite continuar asistiendo a la vida de los amigos catalanes , pero también recuperar el contacto con la gente que conoció en Estados Unidos y Alemania . Para Héctor, Facebook permite ” una de las cosas que mantiene vivas las amistades : que son las pequeñeces , no las cosas demasiado trascendentales ” .

 

Beneficios para los tímidos y también para los más extrovertidos

Los correos electrónicos , Facebook , Twitter y WhatsApp benefician sobre todo los introvertidos , según Dolors Reig . “Gente muy aislada se puede atrever a hablar con el entorno virtual “, afirma Reig . Y añade que los lazos que los tímidos empiezan a tejer en el entorno virtual les generan ” una expectativa de éxito que luego en la calle hace que tengan relaciones más adaptadas , más normales” . Pero los extrovertidos también sacan provecho. Según Reig hay estudios que prueban que la gente más sociable en la calle es también la más sociable en las redes .

 

¿Por qué motivos nos conectamos a la red?

Buscamos información , realizamos compras y nos mantenemos al día de la actualidad, pero en internet, sobre todo , queremos encontrar a los demás. Según datos del Barómetro de la Comunicación y la Cultura de julio de 2013, los principales usos de la red son el correo electrónico- con un 49,6% de – , la mensajería instantánea – en un 36,6% – y las redes sociales – con un 35,4% – . Además , el informe La sociedad de la información en España 2012 establece que la penetración de las redes sociales crece hasta alcanzar el 63,7% de los internautas . Y este incremento se nota sobre todo en la franja de edad de entre los 35 y los 44 años .

 

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42 voces sobre el gobierno abierto: sobre Compartir y su importancia

Mar, 04/22/2014 - 13:42

La red XIP, con la que colaboro,  genera debate y difunde la idea de gobierno abierto para aumentar la calidad de las sociedades democráticas, incidiendo en las políticas de transparencia, de rendición de cuentas y de participación efectiva de la ciudadanía aprovechando las dinámicas de red de la tecnología actual .

Ahora presenta una publicación colaborativa para definir 42 estándares . La idea es profundizar en el conocimiento y facilitar su difusión a través del proyecto Apadrina un concepto de gobierno abierto, que les ha llevado a poner en contacto con expertos de todo el mundo para escribir un artículo sobre lo que les sugiere el concepto asignado.

El resultado es una recopilación de experiencias: 42 personas de todo el mundo que ofrecemos nuestro conocimiento sobre el gobierno abierto, 42 artículos breves y concisos que nos dan pistas para entenderlo mejor y saber cómo avanzar en ello.

Os dejo traducción al castellano de mi aportación:

Compartir

Compartimos . Lo cierto es que compartimos más que nunca a los nuevos espacios sociales en la red. Compartimos las cosas que nos interesan , las que queremos que nos identifiquen , tal y como lo ha hecho el ser humano desde siempre . Pero lo hacemos más a menudo , con más cuidado y detalle , conscientes de que nuestra audiencia , la gente por la que somos relevantes, ha aumentado en número y calidad de forma exponencial . No es nuevo que nuestra identidad pública se construya desde el que compartimos, que buena parte de nuestros esfuerzos , aquellos que han hecho avanzar la cultura , la humanidad, los hacemos movidos por las ganas de ser significativos para nuestros iguales, pero internet ha roto los límites, facilitando que podamos sentir, compartiendo cualquier cosa con cualquier persona del planeta , mucho más integrantes de la humanidad .

La generosidad es para las doctrinas Budistas , la primera de las diez perfecciones : si conociéramos su poder no dejaríamos pasar ni un simple comida sin compartir, sin entregar sin esperar nada a cambio , nos dicen . La neurobiología contemporánea , la psicología , coinciden : compartir también nos hace más felices , el hecho de dar , de ser altruistas , mejora no sólo los lazos comunitarios , sino también nuestra salud física y mental.  Muchos experimentos refuerzan la idea , como el de Scherwiqz en los años 80 que asegurababa que el mero pensamiento de la generosidad ya nos aligera los niveles de estrés .

Volviendo a la web, tal vez la costumbre nos ha llevado a desvalorizar el fenómeno . En este sentido valoro muy positivamente las opiniones de la gente menos digitalizada al respecto. Recuerdo haber finalizado una charla hace un tiempo y que viniera a saludarme un señor mayor . Tenía cara de sorpresa y me hizo ver, desde su ingenuidad , la importancia del tema : “¿Compartimos sin pedir nada a cambio a la web ? , ¿regalamos la información que siempre había sido un elemento clave del poder?  ¡Pero esto cambia el mundo! ”

Evidentemente que sí, que el tema es y ha sido importante durante la historia de la humanidad y será esencial a la hora de cambiar muchas de las cosas disfuncionales que nos afectan . Un buen ejemplo es el de un sentido de la propiedad excesivo que nos ha llevado a acumular productos , elementos materiales construidos con recursos ya escasos en el planeta . Vivimos , nos diría Rifkin , la era del acceso a servicios o productos sin implicar la propiedad: valoramos las cosas por la satisfacción o servicio que nos proporcionan , dejando de ser importante si las poseemos en materia .

Lo digo a menudo en charlar: la filosofía ” Spotify ” está en el corazón de compartir, uno de los numerosos valores que el mundo no digital ha importado de la red. Consumo colaborativo de recursos de conectividad ( guifi.net ) , de coches (el antiguo Zipcar , Blablacar ) , de bicicletas en las ciudades ( bicing ), están salvando la sociedad potdigital del sentido excesivo de la propiedad que heredó de situaciones de mayor escasez , los esfuerzos de la sociedad de consumo por generarnos insatisfacciones y necesidades nuevas. El freeware, las licencias Ceative commons , portales de intercambio o regalo como ” nolotiro.org ” o formas de financiación colectiva como el ” crowdfunding ” son también ejemplo de nuevos modelos de negocio , de nuevas maneras de hacer cosas que un día pensamos inmutables .

Hablo de todo esto cuando identifico la revolución de la red, de su potencia como herramienta de desarrollo humano casi asimilable al lenguaje . Rotos casi todos los límites ( culturales , geográficos , incluso socioeconómicos ) de la comunicación y colaboración entre seres humanos , compartiendo sin fronteras lo mejor de cada uno de nosotros , llegaremos como personas , como humanidad , realmente lejos .

También el video (en catalán) correspondiente:

 

Tenéis aquí, finalmente, el documento final en catalán. Próximamente habrá traducciones:

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Dos formas de optimizar la forma en que nuestros cerebros se adaptan a la era internet

Lun, 04/14/2014 - 08:00

Llamamos neuroplasticidad a la capacidad de nuestros cerebros, incluso la tendencia a adaptarse a los cambios en el ambiente. Lo primero que cambia con las tecnologías, hemos dicho muchas veces aquí, somos las personas, que si pensamos en la cognición, nos vemos en la necesidad de adaptarnos a un entorno informativo mucho más amplio y complejo que antes.

Hemos publicado antes listados de estos cambios pero algunas lecturas recientes hacen necesario que los ampliemos ahora con algunos puntos adicionales.  Hablaremos en algún caso sobre el desarrollo cognitivo que se está produciendo para adaptarnos a los nuevos ecosistemas de información abundante pero también sobre cómo potenciar algunos aspectos que se están perdiendo pero sería interesante conservar. 

 

1. Problemas con los patrones de sueño.

Parece que no ocurre como con los libros analógicos: los dispositivos electrónicos con sus pantallas luminosas, no ayudan a conciliar el sueño sino todo lo contrario.  Necesitamos, de forma biológica y poco moldeable, oscuridad para dormir. Las luces que emiten laptops, ebooks, etc. confunden al cerebro indicándole que es de día y dificultando el sueño.

También aparece el denominado FOMO (fear of missing out, miedo a quedar fuera), provocando síntomas de ansiedad, inadecuación, irritación, etc.  cuando estamos desconectados.  Como siempre el mismo aspecto puede verse en positivo, como lo hacía un libro reciente, que relacionaba la hiperconectividad  con la adaptación de las generaciones de los Millenial al mundo del trabajo de generaciones anteriores.  Las nuevas generaciones, distintas de sus actuales jefes de generaciones X o Y (más impulsivas, necesitadas de gratificaciones inmediatas), no distinguen de forma tan clara tiempos de trabajo y ocio, ofreciendo ventajas a sus empleadores.

Esto último también puede ser un problema, provocando que en algunos países, como Francia, Alemania, etc. se estén prohibiendo desde la legislación laboral cosas como la revisión del correo electrónico (hablo del tema mañana por la noche en Cadena SER). Me parece absurdo esto último pero tengo claro que es una asignatura pendiente, una nueva competencia para el ciudadano del S. XXI la educación de la desconexión.
 

 

 

2. Memoria, atención, también limitadas.

Hemos tratado antes este aspecto pero lo destacamos de nuevo por su importancia. Está claro que nuestra memoria enciclopédica, de almacenamiento de datos, está cambiando cuando podemos cumplir esas funciones a través de dispositivos electrónicos. Somos cyborgs sin posible vuelta atrás en ese aspecto, no solo desde la aparición de internet sino desde la invención de la escritura. Se cuenta que Sócrates ya dijo a Platón en su momento que tenía sus dudas acerca de que la escritura fuese buena para preservar las capacidades humanas: íbamos a perder memoria si escribíamos lo que antes almacenábamos en nuestros cerebros.

Se ve favorecida, sin embargo, la memoria de trabajo, aquella que con todos los datos almacenados dentro y fuera de nuestros cerebros, opera con ellos para resolver o crear cuestiones. Creatividad, innovación, derivan de esta y empiezan a diferenciar a las nuevas generaciones de las anteriores de una forma drástica. Tenemos ahora, más que en ningún otro momento en la historia, la capacidad de reinventarnos a nosotros mismos y al mundo, no tanto a imagen y semejanza de nuestros predecesores sino a partir de nuevas formas de creatividad.

También la atención se ha visto afectada, con internet reduciendo los intervalos en los que somos capaces de mantenerla. Leer libros durante largos periodos de tiempo ha dejado de ser la norma para dar lugar a lecturas en diagonal que intentan extraer lo esencial, perdiendo en profundidad y reflexión acerca de lo que se lee. Dedicamos un punto completo a este aspecto pero quiero recordar aquí que parece que la falta de concentración, sobre todo en multitarea, la dificultad en concentrarnos cuando cambiamos de una tarea a otra, parece ser una deficiencia de adultos. Los jóvenes, si bien no prestan atención durante demasiado tiempo a ninguna actividad de las muchas que suelen llevar entre manos a la vez, sí son capaces de hacer el “switch”, el cambio de atención desde una a otra cuestión, de forma más rápida y efectiva que los no alfabetizados en el mundo digital.

 

3. Leemos distinto: preservando las 2 formas de leer.

La lectura en diagonal resulta adaptativa en momentos de sobrecarga informativa, compitiendo con las formas tradicionales, indudablemente más profundas. Nos lo explica Maryanne Wolf, autora del libro  “Proust and the Squid: The Story and Science of the Reading Brain”:  La lectura tradicional (slow reading), lo tiene complicado en el reino del individuo conectado, así que tendremos que adoptar estrategias especiales si queremos conservarla.

No va a ocurrir de forma automática. Nuestros cerebros, de hecho, no están especialmente diseñados para la lectura. No existen orígenes genéticos de la lectura como sí parecemos tenerlos para la visión o el lenguaje. Debemos considerarla una tecnología, una invención humana desde los jeroglíficos egipcios al alfabeto fenicio, pasando por Gutenberg y la imprenta o la actual digitalización.

Nuestros cerebros se adaptaron en su momento a la lectura lineal, apoyada en la localización física de los conceptos que proporcionaban papiros, libros, etc. Esto último se considera todavía, de hecho, una ventaja del papel sobre el e-book. Pero en Internet el tema cambia,  la lectura se convierte en no-lineal (escaneo rápido, búsqueda de palabras clave, lectura en diagonal, etc.), afectando a la forma en que consumimos cualquier tipo de medio.

Parece, además, que no somos demasiado conscientes de ello. Un estudio de 2012 con jóvenes demostraba que la comprensión de textos ante una pantalla o ante el papel cambia y aunque creemos que somos mejores cuando leemos ante una pantalla bajo presión temporal, no es así, resultando el papel objetivamente mejor.

En fin… no estamos diciendo que debamos limitar la lectura digital sino, como decíamos al principio del artículo, que las dos formas de lectura pueden ser complementarias y adaptativas para distintas situaciones.   Apostar por la lectura bimodal, reaprender a leer “lento”, comenta Wolf, en la línea de entrenar la desconexión que también preconizamos aquí, resulta una prioridad importante hoy.

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Narrativas transmedia en 4 minutos

Mar, 04/08/2014 - 22:29

Pocas veces un video ha valido por sí solo una entrada de blog en El caparazón Es el caso del que os dejo hoy, que define a la perfección el concepto de contar historias de forma transmediática, adaptada a los gustos de los millenial y los no tan jóvenes pero ya acostumbrados a las nuevas formas de comunicación.

Disfrutadlo.

 

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